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Rescatando la belleza

Por Eugenia Debayle
febrero 27, 2012

Es todo un tema esto de sentirse hermosa. La mayoría de las mujeres a nivel mundial no se consideran ni bonitas, guapas, bellas o atractivas. Muchas recordarán cuando salió la primera campaña de DOVE “belleza real”, donde veíamos a mujeres con cuerpos reales y distintos tipos de belleza. Esta campaña se fundamentó en una investigación […]

Es todo un tema esto de sentirse hermosa. La mayoría de las mujeres a nivel mundial no se consideran ni bonitas, guapas, bellas o atractivas.

Muchas recordarán cuando salió la primera campaña de DOVE “belleza real”, donde veíamos a mujeres con cuerpos reales y distintos tipos de belleza. Esta campaña se fundamentó en una investigación que se llevó a cabo en 2004 titulada “The real truth about beauty”. Se aplicó un estudio a 3,200 mujeres entre las edades de 18 y 64  en 10 países: Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Italia, Francia, Portugal, Holanda, Japón, Brazil y Argentina. El resultado: Sólo 2% de las mujeres se consideran hermosas.

Yo he tardado muchos años en aceptar cómo soy, trabajar con mis complejos y aceptar mis defectos. Como casi todas las mujeres, he sido muy dura conmigo misma -sobretodo en mi adolescencia y cuando estaba en mis 20-. Pensaba que ser hermosa era un asunto de alcanzar la perfección y desde ese concepto absurdo venía una tremenda inseguridad y frustración. No había nada bueno en eso, sólo emociones negativas.

Hoy sigo luchando con muchas autocríticas, pero he logrado domar esa parte tan negativa. Claro que hago muchas cosas para sentirme bien, de esa motivación es como nace “The beauty effect”. Pero hoy mi perspectiva de la belleza es muy distinta. Cosas que antes rechazaba de mí –como el ser tan blanca y pálida– lo he logrado tranformar en un sello personal. Me he dado cuenta que ser hermosa y atractiva es un fenómeno mucho mas profundo que tiene su raíz en la confianza.

¿Pero por qué tiene importancia sentirse hermosa? Muchos dirán que el sentirte atractiva y bonita es algo banal, pero desde mi óptica va mucho más allá: es un arma que eleva la autoestima y da mucho poder. Pero eso sí, la belleza tiene que ir acompañada de muchas otras cosas.
En 1913, el Diccionario Webster definía la belleza como lo siguiente: “Cualidades placenteras a la vista, al oído, al intelecto, a la facultad estética y al sentido moral”. Hoy ese concepto parece haber desaparecido. Las contribuciones al oído y el intelecto han pasado a papel secundario, la belleza se ha vuelto completamente visual y si a eso agregamos que sólo algunos íconos de belleza cumplen con esas expectativas estamos en problemas.

La cultura pop ha dado una imagen de belleza que no es real y ni siquiera se puede lograr. El concepto está distorsionado y en mi opinión tiene que ver con la explosión de celebridades que intoxican con su invasión en realities y revistas, combinado con el morbo e incluso la adoración que le tenemos sólo a la imagen y no al contenido.

El concepto de belleza se ha vuelto muy rígido: muy delgada o sumamente curveada, implantes, mucho maquillaje, extensiones en el pelo, bronceado artificial y el deseo de verse hipersexual. Esta caricatura ha sido adoptada por mujeres jóvenes y adultas de manera creciente. El estar al natural parece ser un concepto en extinción y hemos cambiado nuestra óptica: creer que una cara que más bien parece de cera es lo atractivo.

Peor aún, ¿cuántas mujeres no se someten a tratamientos y la sensación de inseguridad sigue estando allí?

Dentro de este espacio que está dedicado a la belleza, he estado con la inquietud de hablar del otro lado de la moneda. El objetivo de esta página siempre ha sido la belleza, pero vista con más profundidad y sin quitar la parte divertida. Cuando escuchamos ese cliché de: “La belleza está en el interior” es verdad. La belleza sin contendido y sin fondo se vuelve irrelevante y vacía. Meterse en uno, saber cosas, crear quién queremos ser es lo que le da el sentido a la vida.

¿Pero qué pasa con las obsesiones, con el juego de reformar nuestros cuerpos cuando realmente los estamos deformando y nosotros comprando la idea de que eso es bonito?  Estamos desconectándonos de lo interno y sólo viviendo hacia afuera. Cada quien tiene su propia belleza, su propia personalidad, su manera de ser y es la mente que hay que alimentar y amueblar cada día, aprendiendo cosas, siendo generosas con los demás, siendo bonitas en ese sentido.

¿Por qué sentir que necesitamos inyectarnos los labios o ponernos implantes copa D para estar mejor con nosotras mismas? No estoy en contra de las cirugías plásticas, -cada quien busca maneras de sentirse mejor- pero no coincido en que las mujeres caigan en la trampa y presión de tener que verse de cierta manera.¿Acaso todas nos queremos ver igual, como mujeres salidas de una fábrica, producidas en serie?: Mismo tamaño de pechos, mismo largo de pelo, mismos labios, bronceado en el mismo tono. ¡Parece que nos dan una lista que tenemos que palomear para asegurar que cumplimos con todo lo exigido a nuestros cuerpos! ¿Por qué peleamos tanto por ser iguales, cuando deberíamos de adorar nuestras diferencias?

¿Y qué decir de la satanizada edad? La presión por ser eternamente jóvenes. Es verdad, con la edad se pierden muchas cosas, pero se ganan otra maravillosas. Mi pelo no es igual que cuando tenía 19, pero hoy me interesa más aprender, desarrollar mi creatividad y volverme una persona más interesante. La belleza nuna se va a ir, porque pienso que las mujeres a cualquier edad se pueden ver hermosas. Encuentro mucho más atractivo a alguien inteligente, que tiene cosas que decir y que enriquece mi valioso tiempo.

La belleza hay que usarla, es un instrumento para sentirnos mejor y claro que hay que hacer cosas para vernos más sanas y hermosas. Pero la belleza hay que disfrutarla, no padecerla. Somos nosotras las que nos tenemos que adueñar de nuestra belleza y no ser esclavas de los espejos, los estereotipos y las ideas preconcebidas.

 

 
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