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Crónicas de un corte de pelo

Por Beauty Team
febrero 20, 2014

¿Cuántas veces han tenido ganas de hacerse un corte de pelo radical, pero se detienen porque todos les dicen que no va con ustedes o que no se les verá bien? Yo creo que la mayoría hemos estado en esta situación. Por eso, les quiero compartir la historia de nuestra Editora de Moda que hace […]

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¿Cuántas veces han tenido ganas de hacerse un corte de pelo radical, pero se detienen porque todos les dicen que no va con ustedes o que no se les verá bien? Yo creo que la mayoría hemos estado en esta situación.

Por eso, les quiero compartir la historia de nuestra Editora de Moda que hace unos meses se hizo un cambio de look, un poco forzado por la circunstancias, pero al final el resultado fue positivo.

Mejor las invito a leerlo y… ¡Cuéntenme quién de ustedes se atrevería a hacerlo!

 

De largo a corto en un enojo feliz
Por: Victoria Papuchi

Desde hace 3 años estaba obsesionada con tener el pelo largo y usaba shampoos que prometían hacerlo crecer, picaba pastillas anticonceptivas y ponía en práctica todos los remedios que se puedan imaginar. Ya lo tenía a media espalda pero las puntas estaban abiertas, así que decidí cortármelas. Fui con una estilista coreana (que me recomendaron por todos los flancos) para que me hiciera un corte muy sutil.

Sin embargo, al ver sus revistas korean style quedé fascinada con un corte ideal para cara triangular que apenas tapaba las orejas y me hizo entrar en conflicto. Ni yo sé qué le pedí, no fui clara en español, mucho menos en coreano y el resultado casi final fue un pelo a la altura de los hombros y sin mayor gracia. ¡Imagínenme a los 32 años llorando porque “nunca fui tan fea en mi vida”! Además estaba furiosa conmigo porque acababa de mudarme con mi novio y ahora sólo quería agarrar unas tijeras y despojarme yo misma de este corte porque cuando haces eso – mudarte con un novio y raparte al mes del concubinato- está comprobado empíricamente que corres el riesgo de padecer la maldición de los 3 años de mal sexo.

¡¿Y ahora qué podía hacer?! Al siguiente día daría la primera cena oficial para recibir el año en mi nueva casa y no-había-manera-alguna-posible-en-este-mundo de recibir a mis 10 comensales con esta cara de galleta. ¡Panic attack!

Me corté el pelo con las primeras tijeras que encontré en la cocina, de un solo jalón. Hace años hubo una campaña de antitranspirantes que reforzaba el concepto positivo de ser una mujer impulsiva, y bueno, hizo su efecto con delay en el momento correcto. El cortesito selfmade quedó perfecto con mi cara no triangular, a mi propio decir, que es el que importa porque una transmite lo que siente y así te siente el resto. Ahora me resaltan los ojos y me encanta empezar el año distinta.

Tal vez le dé una segunda oportunidad a la coreana de la Zona Rosa para que, ahora que sé lo que quiero, me lo retoque y termine de darle forma.

El corte resultó muy versátil, si quiero lucir un estilo bowld cut uso la secadora y en diez minutos queda listo, sin necesidad de planchita, pero también puedo secarlo con toalla y sacudir la cabeza para un look totalmente diferente, despeinado y aplicarme productos con sal de mar para crear el efecto surf.

Mi recomendación es que si tienes curiosidad, te animes a cortarte el pelo, aunque todos te digan que no. En México es muy fuerte el paradigma mujer=pelo largo, pero más fuerte es el hecho de que nuestra cara sólo la viviremos una vida y hay que experimentar hasta descubrir lo que mejor le queda. Y si queda mal haz tu escenita melodramática necesaria para la catarsis, respira y di ya, es pelo, crece y hay mil maneras de apurar el proceso.

 

 
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